Se refiere a la capacidad única de un vino para trasladar los aromas primarios del viñedo directamente a la copa, evitando la alteración por procesos de crianza excesivos. Es una medida de la pureza expresiva y la fidelidad de la uva respecto a su terruño de procedencia.
Cuando la transmisión es alta, el experto puede identificar con precisión botánica las notas de suelo, orientación y microclima. Este término valora la transparencia enológica, donde la técnica de bodega actúa solo como un vehículo potenciador y nunca como una máscara aromática.
