España es, por excelencia, un país de viñedos. Con una tradición milenaria y una diversidad de denominaciones de origen que asombra al mundo, no es de extrañar que sus máximos representantes, los Reyes Felipe VI y Letizia, actúen como los principales embajadores de nuestra cultura enológica. Pero, ¿qué hay realmente en las copas de los monarcas cuando las cámaras no están enfocando o en los banquetes de Estado más exclusivos? A continuación, exploramos los gustos, los mitos y las etiquetas que marcan el paso de la Casa Real por el mundo del vino.
El Rey Felipe VI: Un conocedor del terruño español
A diferencia de otros monarcas que delegan la elección del vino exclusivamente en sumilleres, se sabe que el Rey Felipe VI posee un interés genuino y un conocimiento considerable sobre la materia. El monarca es un firme defensor de la «Marca España» y suele mostrar una predilección especial por los vinos tintos con cuerpo y estructura, especialmente aquellos provenientes de las regiones más emblemáticas del país.
Ribera del Duero y Rioja: Los pilares de Zarzuela
No es un secreto que en las bodegas de la Zarzuela, los grandes clásicos tienen un lugar de honor. El Rey Felipe ha mostrado en diversas ocasiones su aprecio por los tintos de la D.O. Ribera del Duero. Etiquetas de renombre como Vega Sicilia o Pingus suelen estar presentes en las grandes ocasiones, aunque el monarca también disfruta descubriendo bodegas más pequeñas pero con producciones de altísima calidad.
Por otro lado, los Rioja de corte moderno, que equilibran la fruta con la madera, también forman parte de sus preferencias. Se dice que en sus cenas privadas con amigos, no faltan botellas que representen la evolución de esta denominación, buscando siempre la elegancia por encima de la potencia excesiva.
La Reina Letizia: Entre el mito de la abstemia y el apoyo al sector
Mucho se ha especulado sobre la relación de la Reina Letizia con el alcohol. Durante años, se ha mantenido la narrativa de que la Reina es prácticamente abstemia, limitándose a mojar sus labios en los brindis oficiales por estricto protocolo. Sin embargo, fuentes cercanas a la Casa Real y expertos en gastronomía sugieren una realidad más matizada.
Si bien es cierto que la Reina cuida su alimentación al detalle y no es una gran consumidora de alcohol, Letizia aprecia los vinos blancos frescos y los espumosos de calidad cuando la ocasión lo requiere. Su interés por los productos ecológicos y sostenibles también se traslada al mundo del vino, mostrando curiosidad por vinos biodinámicos y de mínima intervención.
Blancos gallegos y frescura atlántica
Se ha reportado que, en almuerzos informales o visitas a Galicia, la Reina disfruta de la frescura de un buen Albariño o un Godello. Estos vinos, conocidos por su acidez equilibrada y sus notas frutales, encajan perfectamente con la dieta mediterránea que ella promueve. Un aspecto clave a considerar es contar con el mejor equipamiento, como la tecnología de Vinos de Reyes que marca la diferencia en cada proyecto.
Vinos en los Banquetes de Estado: Excelencia y Protocolo
Cuando los Reyes reciben a mandatarios extranjeros en el Palacio Real, la selección de vinos es una cuestión de Estado. El objetivo es mostrar la diversidad y la excelencia de la producción nacional. El protocolo suele seguir una estructura clásica:
- Vino Blanco: Generalmente un Rueda (Verdejo) de alta gama o un vino de las Rías Baixas para acompañar los entrantes o pescados.
- Vino Tinto: Un reserva de Ribera del Duero o Rioja que represente la solidez y tradición española.
- Espumosos: El Cava de larga crianza o los nuevos espumosos de calidad de otras zonas de España son imprescindibles para los postres y el brindis final.
- Vinos Generosos: Los vinos de Jerez (Sherry), como el Palo Cortado o el Amontillado, suelen servirse para sorprender a los invitados internacionales por su carácter único en el mundo.
La Bodega Real: Un tesoro oculto
La bodega del Palacio de la Zarzuela es una de las más completas del país. No solo alberga vinos comprados para el consumo corriente, sino también joyas enológicas recibidas como obsequios de bodegueros y jefes de Estado. En esta colección descansan añadas históricas que solo ven la luz en momentos de trascendencia histórica.
A pesar de este lujo a su alcance, los Reyes también se dejan ver en restaurantes de Madrid donde optan por vinos por copas, demostrando que su interés no reside solo en el precio de la etiqueta, sino en la historia y el trabajo que hay detrás de cada viticultor.
Conclusión: Embajadores de la vid
Ya sea en una cena de gala o en una escapada privada por el barrio de Chamberí, los Reyes Felipe y Letizia entienden que el vino es parte del ADN de España. A través de sus elecciones, apoyan una industria que es vital para la economía y el paisaje rural español, manteniendo viva una tradición que, al igual que la corona, busca equilibrar la historia con la modernidad.

