En una ciudad donde las brasas muchas veces se usan como reclamo, Gran Vía 18 las convierte en parte de su identidad gastronómica. Desde su apertura, la brasa ha estado en el centro de su propuesta gastronómica, y no solo en el apartado cárnico. Aquí se asan puerros como calçots, se marca pulpo con textura perfecta y se doran pescados nobles con ese aroma inconfundible a encina. Pero es con la carne donde esta técnica alcanza su máxima expresión: maduraciones largas, cortes nobles y un dominio absoluto del punto hacen que la parrilla se convierta en una herramienta de respeto al producto.
El secreto está en el carbón. Gran Vía 18 trabaja exclusivamente con carbón de encina, una elección que no es casual. Su combustión lenta, su alto poder calorífico y la intensidad de su aroma le confieren un carácter único: aporta ese matiz ahumado que potencia el sabor sin enmascararlo, carameliza el exterior sin resecar el interior y deja un sello reconocible en cada bocado. Bajo la dirección del chef Jairo Jiménez, el fuego se convierte en un lenguaje propio, una forma de cocinar que conecta tradición, técnica y producto.
Con la llegada del otoño, la propuesta se vuelve más carnívora, más contundente. La selección de cortes a la brasa es una oda al disfrute pausado, pensada para quienes saben apreciar una carne bien tratada. Entre las piezas estrella destaca el lomo alto de vaca Holstein de los Países Bajos, con seis años de edad y 150 días de maduración, cuya infiltración y jugosidad hablan por sí solas. Le siguen cortes tan rotundos como el cañón de buey madurado 90 días, el vacío de vaca, o la chuleta de vaca vieja Simmental, con 80 días de maduración, perfecta para compartir.
La carta continúa con otras joyas como el lomo bajo de vaca vieja frisona madurado 60 días, la entraña de añojo nacional, el t-bone que dejan con el lomo trinchado, el secreto 100% ibérico de bellota con mojo negro canario, o un elegante steak tartar de vaca vieja madurada acompañado de yema a baja temperatura y pan brioche: un guiño a la tradición ejecutado con técnica contemporánea.
Para acompañar, guarniciones sencillas pero bien afinadas: boniato frito, patatas baby asadas en mantequilla y romero, patatas fritas hojaldradas, una ensalada fresca con cebolleta y vinagreta cítrica, pimientos rojos asados o pimientos de Padrón.
Del antiguo Hotel Roma a templo de diseño gastronómico
En el majestuoso edificio que albergó el antiguo Hotel Roma, uno de los primeros en abrir sus puertas en la Gran Vía en 1915, Gran Vía 18 ocupa las dos últimas plantas del espacio WOW Concept con más de 1.000 metros cuadrados dedicados al disfrute gastronómico. Su interior evoca la estética retrofuturista de los años 70 y recrea un gran apartamento lleno de piezas de diseño, sofás curvos, librerías repletas de libros y un antiguo estudio de grabación con vinilos y objetos de culto.
Pese a su amplitud, el restaurante ofrece una sensación de intimidad y confort gracias a la distribución en diferentes zonas, cada una con su propia atmósfera. Desde salones acogedores y mesas apartadas para conversaciones tranquilas hasta espacios amplios para celebraciones más animadas, es un lugar pensado para adaptarse a cada ocasión.
Tanto si se trata de una comida de trabajo, una cena romántica, un encuentro familiar o una celebración especial, Gran Vía 18 ofrece el escenario perfecto. En la sexta planta, su rooftop con doble terraza y vistas a la Gran Vía es ya uno de los destinos favoritos para quienes quieren disfrutar de Madrid desde las alturas.
