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Cuaresma en el Condado de Huelva: vinos y patrimonio cultural

Hay un instante preciso en el calendario del sur donde el tiempo parece detenerse. Es ese momento en el que el aroma del azahar y…

Cuaresma en el Condado de Huelva: vinos y patrimonio cultural

Hay un instante preciso en el calendario del sur donde el tiempo parece detenerse. Es ese momento en el que el aroma del azahar y el incienso de las cofradías se cruzan con el perfume de la tierra que despierta. Estamos en la Ruta del Vino del Condado de Huelva, y aquí la primavera es una coreografía de fe, patrimonio y una cultura vinícola que se reinventa en cada pueblo en Cuaresma.

La Ruta del Vino del Condado de Huelva se impregna de espiritualidad al llegar a Almonte. Aquí, la Cuaresma no es solo un tiempo de espera, es una vivencia profunda que prepara el alma para lo que vendrá en la marisma. Pero si buscamos una joya de la imaginería que sobrecoja al visitante, la Ruta nos detiene en Chucena. Allí reside el Cristo de Burgos, una talla renacentista del S.XVIII que, sin embargo, lleva un paño de pureza o «enagüilla» de corte gótico. Se considera único en la imaginería religiosa mezclando dos estilos de siglos diferentes, una pieza singular y sobrecogedora de la imaginería que destaca por su fisionomía y la tradición de su vestimenta, convirtiéndose en un hito artístico imprescindible de la comarca.

Siguiendo nuestro recorrido por la comarca del Condado de Huelva, nos situamos en el municipio de Rociana del Condado, la Ruta no busca ermitas, sino la nobleza de su arquitectura civil. Su casco histórico, declarado Bien de Interés Cultural (BIC), es un laberinto de fachadas señoriales que narran el poderío agrícola de una tierra que siempre miró al viñedo con orgullo.

Cruzando nuevamente la autovía A-49 que vertebra el territorio, en Villalba del Alcor, la Ruta nos regala una de sus mayores particularidades históricas: su iglesia-fortaleza de San Bartolomé. Construida sobre una antigua estructura almohade, este templo fortificado es un testimonio de piedra de la frontera que un día fue esta comarca. Sus muros custodian el silencio de los siglos y la memoria de aquellos primeros vinos que, según las crónicas, partieron hacia las Indias ya en 1502.

A diferencia de otras paradas, La Palma del Condado ofrece la cara más contemporánea y diferencial de la Ruta. Aquí, bodegas de reciente creación han apostado por la innovación y los vinos de autor, ofreciendo catas a pie de viñedo que se alejan de lo tradicional para buscar nuevas expresiones de la tierra. Es el contrapunto perfecto a la tradición de otros municipios.

Por su parte, en Moguer, el vino se hace literatura. La Ruta nos conduce tras los pasos del Nobel Juan Ramón Jiménez. Pasear por sus calles y plazas blancas para visitar su casa-museo, permite entender cómo la cultura del vino impregnó la sensibilidad del poeta de Platero y yo, en un pueblo donde los antiguos conventos y bodegas históricas siguen guardando el eco del comercio americano. Aquí se puede visitar una de las bodegas integrantes en nuestra ‘Ruta del Vino del Condado de Huelva’,  Bodegas del Diezmo Nuevo, una bodega familiar más conocida en Moguer como Bodegas Sáenz, fue fundada en 1770 y es una de las cinco bodegas en activo más antiguas de España.

No se puede entender la Ruta sin Bollullos Par del Condado. Es el centro neurálgico donde las bodegas familiares y cooperativa abren sus puertas de par en par. En Cuaresma, visitar sus iglesias y capillas es un rito obligado. Aquí, la hospitalidad no es un servicio, es un rasgo de identidad en donde compartir sus vinos dulces con la repostería local propia de estas fechas como sus tortas de rezobá, pestiños, torrijas, etc.

Y es que la primavera en la Ruta del Vino del Condado de Huelva se come con cuchara y se disfruta con las manos. La gastronomía de Cuaresma alcanza aquí una dimensión sublime. Es el tiempo del bacalao preparado con maestría, de las espinacas con garbanzos y, por supuesto, de las habas enzapatás, ese tesoro local donde el poleo o la yerbabuena y el ajo obran el milagro. El brote dulce lo ponen las torrijas, bañadas en miel de Doñana o en los vinos generosos de la zona, cerrando un círculo sensorial perfecto.

Por último, no se vayan del Condado de Huelva sin descubrir uno de sus secretos: busquen las «sacristías» de las bodegas familiares de la Ruta. Allí, el bodeguero guarda con celo sus mejores caldos, esas elaboraciones que no se encuentran en los lineales de los supermercados o vinotecas y que se ofrecen solo al viajero que demuestra curiosidad y respeto por la tradición. Solo quién visita el terreno puede descubrir esos tesoros. Esa es la verdadera joya oculta del Condado: la generosidad de una gente que abre su legado en cada copa.

La Ruta del Vino Condado de Huelva es una iniciativa promovida por la Mancomunidad de Desarrollo Condado de Huelva, que cuenta con la financiación de los fondos europeos Next Generation, y se erige como un proyecto transversal, donde cada municipio condal tiene su protagonismo, favoreciendo las sinergias en aras de ofrecer una experiencia enoturística de primer nivel.

Un proyecto que no sería posible sin la implicación del Consejo Regulador de las Denominaciones de Origen Protegidas Condado de Huelva, de las bodegas y la colaboración de los ayuntamientos, de la Diputación Provincial, y del tejido empresarial de la provincia, en especial los sectores de la hostelería, el comercio y el ocio.

Ruta del Vino Condado de Huelva

‘Donde el vino se vive’

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Victor Manuel Vaca Arcila

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