La brisa de la campiña cordobesa trae consigo, este verano de 2026, una invitación renovada a descubrir los tesoros líquidos y patrimoniales del sur de la provincia. La Ruta del Vino Montilla-Moriles, consolidada como uno de los destinos enoturísticos más singulares de España, acaba de lanzar una iniciativa que promete revolucionar la forma en que el visitante interactúa con el territorio: el Pasaporte de Enoturismo.
Más allá de una simple herramienta de promoción, este documento se erige como una hoja de ruta, una brújula que guía al viajero a través de un archipiélago de lagares, bodegas, tabernas históricas, restaurantes y alojamientos rurales, todos unidos por el hilo conductor de una tradición vitivinícola milenaria.
¿En qué consiste el Pasaporte de Enoturismo?
La mecánica, impulsada por la asociación Ruta del Vino Montilla-Moriles, destaca por su accesibilidad y su enfoque lúdico. El visitante puede hacerse con su Pasaporte en cualquiera de los puntos de interés adheridos a la red (cuyo listado completo se encuentra en la web oficial de la Ruta). A partir de ese momento, cada visita, cada experiencia vivida en los establecimientos participantes, se traduce en un sello.
No se trata solo de acumular sellos, sino de coleccionar vivencias. Completar el recorrido propuesto en el pasaporte es, en esencia, llevarse un recuerdo tangible de haber participado en la autenticidad de Montilla-Moriles. Supone sumergirse en las soleras y criaderas donde el Pedro Ximénez forja su carácter, pasear entre los viñedos que tapizan la Sierra de Montilla y deleitarse con una gastronomía que ha sabido maridar a la perfección con la riqueza de estos vinos.
La Parada Obligatoria en el Sello Número 3: Cabriñana Bodega Rockera
Para comprender verdaderamente el dinamismo y la innovación que laten dentro de esta Ruta, basta con fijar la mirada en el establecimiento que custodia el sello número 3 de este pasaporte: Cabriñana Bodega Rockera.
Fundada en 1925 en la Sierra de Montilla (apenas a tres kilómetros de otros emblemáticos lagares), esta explotación familiar, regentada en la actualidad por José Sánchez, es el ejemplo perfecto de cómo la tradición más arraigada puede abrazar conceptos vanguardistas para crear un «universo cultural» sin precedentes.
Cabriñana, que trabaja con nueve hectáreas propias en el prestigioso Cerro Macho y gestiona unos 150.000 kilos de uva de la zona (predominantemente Pedro Ximénez, aunque sin renunciar a elaboraciones con Syrah y Tempranillo), no es una bodega al uso. Es un espacio donde el vino «suena a rock y sabe a Montilla».
Su inclusión destacada en esta campaña del Pasaporte de Enoturismo subraya una oferta que ha sido recientemente galardonada. En 2025, el Ayuntamiento de Montilla otorgó a Cabriñana Bodega Rockera el premio a la «Actividad turística más original» en el II Concurso Patios de Bodega, gracias a una audaz propuesta que maridaba sus vinos con pizzas, fusionando la tradición italiana con la gastronomía cordobesa.
Más Allá de la Cata: Una Experiencia Integral
El enoturismo que abandera la Ruta del Vino Montilla-Moriles, y que ejemplifica magistralmente Cabriñana, ha superado la tradicional (y a veces estática) cata de vinos. Se busca la inmersión total.
Quienes presenten su Pasaporte en Cabriñana descubrirán instalaciones con más de un siglo de historia donde las botas de las soleras lucen firmas de músicos que han pasado por allí, convirtiéndose en auténticos lienzos. La oferta de la bodega incluye desde visitas como «Al Compás de 4 vinos» o la experiencia «Al Compás del Maestro», hasta conciertos de música en directo, talleres de pintura de botellas, senderismo entre viñedos, sesiones de yoga y karaokes.
Un Impulso al Territorio
La iniciativa del Pasaporte de Enoturismo llega en un momento de madurez para el destino Montilla-Moriles. Invita al turista a «conocer nuestro territorio copa a copa y bodega a bodega», fomentando un turismo de calidad, desestacionalizado y profundamente respetuoso con la cultura local.
El pasaporte no es solo un papel; es el testimonio de una región que abre sus puertas de par en par. La pregunta que lanza la Ruta del Vino resuena con fuerza este verano: ¿Ya tienes tu pasaporte? Bodegas como Cabriñana ya tienen preparado el sello, la música y, por supuesto, el vino. El resto de la aventura, la escribe el viajero.


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