Práctica de viticultura de precisión que consiste en regular la disponibilidad hídrica y nutricional en las semanas previas a la vendimia para inducir una respuesta metabólica específica en la planta. Se busca estabilizar la relación entre los ácidos orgánicos y los azúcares acumulados, preparando la baya para cambios térmicos drásticos.
Esta estrategia permite que la uva alcance un estado de resiliencia fisiológica, asegurando una estabilidad superior en el mosto y reduciendo la necesidad de intervenciones enológicas correctivas durante la fermentación.
