Propiedad físico-química de un vino para mantener su equilibrio frente a alteraciones externas, como cambios bruscos de temperatura o niveles de pH, mediante el intercambio iónico en su matriz ácida.
Es una métrica vital para predecir la longevidad de los caldos, indicando qué tan robusta es la composición química frente al estrés ambiental antes de que se produzca una degradación de sus propiedades organolépticas.
