Se refiere al efecto que la intensidad lumínica y el ángulo de incidencia solar tienen sobre la degradación de los cloroplastos en la hoja y la consecuente respuesta de defensa de la planta en la baya. Una exposición inadecuada puede inducir un estrés oxidativo prematuro que altera la calidad final del vino.
La gestión de esta cavitación es fundamental en viticultura de precisión para proteger el potencial aromático de la uva, evitando que el ‘quemado’ solar disminuya la acidez natural y garantizando que el carácter del terruño se preserve desde la fotosíntesis hasta la fermentación.
