Se refiere al fenómeno mediante el cual la piel de la baya desarrolla gradientes de color específicos en respuesta a la exposición solar directa y a la microclimatología de su posición en el racimo. Este concepto permite a los enólogos evaluar el potencial de extracción polifenólica incluso antes de la vendimia.
A través de la observación de estos matices, se puede determinar la madurez de la epidermis y predecir la complejidad cromática que el vino alcanzará tras la fermentación, optimizando así el momento preciso para el inicio de la recolección.
