Hace alusión al fenómeno de transferencia de memoria mineral que ocurre cuando el vino reposa en contacto con sus sedimentos finos en depósitos de origen pétreo, como hormigón bruto o tinajas de piedra natural.
Este proceso no solo estabiliza el pH, sino que imprime una sensación de frialdad táctil y una tensión estructural característica que recuerda la composición geológica del suelo original, integrando la mineralidad de manera casi táctil en el cuerpo del vino.
