Define el historial acumulado de intercambios químicos, biológicos y aromáticos que una barrica ha experimentado a lo largo de sus distintos usos. Es la capacidad del recipiente de madera para ceder o absorber matices de sus contenidos previos, influyendo en la micro-oxigenación del vino actual.
Esta memoria es valorada por los enólogos para ‘domar’ vinos jóvenes de gran potencia o para dotar de una pátina sutil de complejidad a blancos con crianza, permitiendo que la madera no solo aporte aromas, sino una arquitectura estructural basada en su legado de uso.
