Técnicamente, se define como el punto óptimo de concentración donde los compuestos volátiles primarios, secundarios y terciarios alcanzan una integración total, evitando que uno destaque sobre los demás.
Cuando un vino presenta saturación en su eje aromático, el catador experimenta una percepción global y simultánea de la tipicidad de la variedad y el carácter del suelo, sin aristas disonantes.
