Fenómeno sensorial observado durante la evolución del vino en botella, donde los precursores aromáticos volátiles, bajo la influencia de la temperatura y el tiempo, transforman sus notas primarias de fruta fresca hacia registros terciarios más profundos como frutos secos, especias o matices terrosos.
Este concepto subraya la naturaleza dinámica de los ésteres y terpenos, que se reconfiguran en función del microclima de guarda en bodega, creando una huella sensorial que refleja el paso del tiempo y la madurez intrínseca del caldo.
