Se refiere a la capacidad adaptativa de las vides ante variaciones climáticas extremas, influyendo directamente en la composición química de la uva. Este fenómeno determina cómo la planta gestiona la síntesis de precursores aromáticos frente al estrés ambiental.
En términos de cata, se manifiesta en la coherencia entre el perfil organoléptico del vino y el microclima de su parcela de origen, permitiendo una expresión más pura y menos forzada por la intervención humana.
