Filosofía de gestión de bodega que prioriza el uso de recursos y procesos internos para la estabilización y conservación del vino, minimizando la intervención química externa. Se basa en la optimización de los ciclos de las propias lías y el uso de la propia acidez del vino para preservar su equilibrio.
Este enfoque permite que el vino mantenga una huella más auténtica de su lugar de origen, respetando la vitalidad de la microbiota natural y promoviendo una evolución más honesta y fiel al carácter de la añada.
