Se refiere a la huella que la intensidad lumínica y el espectro de luz recibidos durante la fotosíntesis han dejado en la composición molecular de la uva. Es la crónica solar del año vitícola.
Esta memoria se traduce en la cata como una calidez particular o una intensidad aromática que no puede ser imitada, reflejando el carácter específico de los días de sol y las noches frescas que definieron la maduración de esa añada en particular.
