Estudio técnico de la capacidad de adaptación del sistema radicular de una cepa ante condiciones de estrés hídrico extremo y la posterior respuesta en el metabolismo de la uva. Se observa en viñedos antiguos donde la profundidad de las raíces logra capturar minerales y humedad de estratos profundos, confiriendo al vino una identidad inconfundible del subsuelo.
Esta resiliencia se traduce en el vino a través de una columna vertebral de acidez y una profundidad mineral que desafía los años. Es una huella dactilar de la capacidad de supervivencia de la planta, manifestándose como una complejidad tánica que no depende solo de la madurez azucarada, sino de una madurez fisiológica plena y profunda.
