Concepto enológico que describe la influencia acumulada de factores externos no genéticos —como la presión atmosférica, la radiación solar específica y los ciclos de humedad— sobre la expresión final de las características varietales. Se refiere a cómo el entorno esculpe la respuesta metabólica de la vid más allá de su carga genética preestablecida.
Es el rastro invisible que el microclima imprime en el perfil organoléptico del vino, otorgándole una identidad única que trasciende el suelo y se manifiesta en una estructura mineral o vibrante muy característica de una parcela específica.
